«Rojo, blanco y sangre azul» pinta de arcoíris la Casa Blanca y el Palacio de Buckingham

LGBT: rojo, blanco y sangre azul transgrede tradición política

Sin duda, algo que destaca al colectivo LGBT+ es su manera de transgredir la normatividad de las personas en torno al género, la sexualidad, lo hegemónico, entre otros temas en cuestión. Algunas de las formas en que lo hacen pueden ser las marchas, los discursos sociales, representaciones históricas y también en la ficción. Después de todo, en la actualidad uno de los lugares que más ha ganado terreno el colectivo LGBT+ es el mundo del entretenimiento que ha acercado a más personas a incluir la diversidad. 

Ahora bien, uno de los más recientes éxitos de representación LGBT+ en los medios ha sido la novela (y ahora adaptación cinematográfica) “Rojo, blanco y sangre azul” que cómicamente ha logrado transgredir en la tradición real y política. La historia nos relata el paso de enemistad a romance entre los vástagos de dos líderes mundiales y su preocupación de si acaso su amor tendrá cabida en la sociedad que algún día gobernaran.

¿De la pantalla a la vida real?

Precisamente, lo que más ha llamado la atención de esta novela en particular es poner en el centro del escenario a las potencias mundiales como EE.UU y la realeza británica. Después de todo, tales espacios políticos han destacado por estar sumamente arraigados a lo tradicional; por lo que no es de sorprenderse que la mayoría de las personas alguna vez en su vida se preguntaran si ¿acaso en algún lugar de la Casa Blanca o el Palacio Buckingham habrá alguna bandera LGBT+ escondida en algún closet?

Al menos de lo que se conoce en la historia el pueblo norteamericano jamás ha tenido algún líder político homosexual y, mucho menos, tratándose de un gobernante real británico. En todo caso, lo más cerca a la realidad que estarán estos dos países de tener un líder perteneciente a la comunidad LGBT+, radica en las ambiciones de Pete Buttigieg por convertirse en el primer presidente homosexual de EE.UU y, por otro lado, aunque parece ser lejano que algun gobernante de la realeza británica pertenezca personalmente (y no a través de familiares) a la comunidad LGBT+, puede que en un futuro algun primer ministro le dé esta victoria al colectivo. 

Posibilidad de política LGBT+

Puede ser que el interés de plantear la posibilidad de que algún líder mundial pertenezca al colectivo LGBT+ se concentre en las implicaciones que tenga la sociedad con una política inclusiva. Es por ello que este tipo de ficción tiene un poder asombroso en el imaginario de tal posibilidad, pues no solo le da visibilidad y voz a las necesidades de la comunidad LGBT+, sino que también le da un voto abierto a que la diversidad se vuelva parte de una nueva normatividad en nuestra sociedad. Así que, solo queda preguntarnos ¿algún día veremos una política pintada tan abiertamente de arcoíris o seguirá siendo un juego de poder en un tablero de ajedrez?

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