¿Cancelar a alguien se ha convertido en la nueva forma de quitarles la libertad de expresión? ¿Realmente estamos ayudando o solo estamos contribuyendo a un ciclo de daño y desesperación? La reciente muerte de Liam Payne ha sido un suceso que ha sacudido a sus fans y a las redes sociales. Al igual que reavivado el debate sobre la cultura de la cancelación. En sus últimos días, Liam fue bombardeado con hate en redes sociales, desde comentarios que había hecho en el pasado sobre sus compañeros de One Direction hasta su relación con su exnovia. Esta situación nos lleva a reflexionar sobre las consecuencias de atacar a una celebridad con odio y cómo esta presión puede afectar su salud mental y su vida en general.
¿Qué es la cultura de la cancelación?
La cancelación es básicamente quitar el apoyo a alguien y, en muchos casos, provocar consecuencias negativas para esa persona o grupo que hace o dice algo que no cuadra con lo que otros consideran correcto. Es como un juicio social en el que, en lugar de dialogar, se decide dejar de lado a quien se considera «equivocado».
Una de las razones por las que nos sentimos cómodos «funando» o cancelando a las personas es el anonimato que nos brindan las redes sociales. No enfrentamos consecuencias reales por lo que decimos o hacemos, lo que facilita que publiquemos comentarios sin filtro. Es por eso que nos resulta tan fácil soltar nuestros juicios en Instagram o cualquier otra plataforma, creyendo que nuestras palabras no tendrán repercusión. Esta facilidad de juzgar o cancelar a las personas desde la distancia nos hace olvidar que estamos interactuando con personas de carne y hueso y no solo con personajes a través de una pantalla. Y lamentablemente esta cultura de la cancelación alcanzó a Liam Payne.

Si bien es cierto que los influencers, celebridades y figuras públicas están más expuestos y deberían ser conscientes del impacto de sus acciones, nos preguntamos: ¿será que al verlos como figuras inalcanzables creemos que no pueden cometer errores, y cuando lo hacen, nos sentimos mejor «bajándolos» del pedestal en el que los habíamos puesto?
Dejemos de idealizarlos
Algo que debemos tener muy claro es que lo que vemos a través de la pantalla, aunque no es falso, probablemente es solo una pequeña parte de la vida de quienes comparten sus experiencias en redes sociales. En el caso de los cantantes, por ejemplo, lo que nos muestran a través de su música es solo una faceta de su historia o personalidad, pero no lo abarca todo. A veces, ni siquiera conocemos el verdadero significado de sus canciones o a quién van dirigidas.

Si nos cuesta tanto interpretar una canción, un poema, una pintura o una publicación, ¿por qué creemos que conocemos a estas celebridades de manera íntima? Es momento de dejar de idealizarlas, porque al final, solo estamos viendo fragmentos de lo que realmente son. Debemos recordar que son simples mortales con trabajos interesantes. Al mismo tiempo, es importante dejar de enaltecer o atribuir un significado desproporcionado a sus acciones, ya sean buenas o malas. Y siempre siempre cuestionarnos sobre nuestros ídolos ¿Liam Payne realmente merecía esa cancelación? Sea cual sea la respuesta, es importante que no dejemos pasar este tipo de situaciones donde a las celebridades se les acusa de cosas graves y cegarnos ante ellas solo por ser gente que seguimos. Alcemos la voz y no les permitamos que usen su poder de influencia para distraernos de ellas. Teniendo en mente que cancelarlas y generar más violencia no es la solución.
¿Somos conscientes?
Al final del día, TODOS somos humanos y cometemos errores. Obviamente en casos como el de P. Diddy es necesario cortar lazos desde la raíz y no tolerar comportamientos dañinos. Sin embargo, debemos recordar que la libertad de expresión es un derecho fundamental y que, aunque no siempre estemos de acuerdo, no podemos convertirnos en jueces morales de lo que creemos que es correcto.

Es natural tener opiniones diferentes, pero eso no nos convierte en malas personas ni en verdugos de lo que está bien o mal. Es esencial mantener un diálogo abierto y constructivo, en lugar de caer en la trampa del odio. La cultura de la cancelación puede tener consecuencias súper serias que dejan a muchos sintiéndose solos y rechazados, y esta vez, Liam Payne sufrió las consecuencias de ese daño. No seamos parte de ese ciclo dañino; hablemos, cuestionémonos y simplemente dejemos de darle foco a las personas que hicieron algo malo y que deberían dejar de ser figuras públicas. No lancemos tanto hate que pueda poner en riesgo sus vidas. Si no nos gusta lo que son o lo que hicieron simplemente no consumamos lo que ofrecen y cerremos el ciclo. Como dijo Evelyn Beatrice Hall: “Detesto lo que piensas, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.
QDEP Liam Payne.


