Disney desde hace un siglo ha dejado una profunda marca en las generaciones, es por ello que sus clásicos por más viejos que sean, seguimos consumiéndolos. Así el monopolio de sueños lo que busca es explotar lo más que se pueda de sus historias, ya sea en mercancía, a través de sus parques de diversiones o mediante los tan famosos Live Action.
Esta última estrategia, en efecto, resulta ser su carta bajo la manga más útil para que sigamos regresando a Disney. Y esto no se debe a que ofrezcan un gran material digno de admirar, es más, por el contrario, si algo ha demostrado cada Live Action es que son apenas una sombra del verdadero resplandor de sus clásicos. Sin embargo, por muy malos que sigan siendo, no paramos de ver la misma historia que ya conocemos.
Por tanto, ante el efecto Disney que padecen las generaciones, muchas personas precisamente se preguntan ¿Qué diantres poseen las nuevas versiones de los clásicos de Disney que es inevitable consumirlas? ¿Por qué a pesar de una inminente desilusión, seguimos esperando lo mejor de estos remakes? Y aunque, en efecto, Disney en general posee un talento para ser una luz que atrae todo tipo de espectadores como si fueran mosquitos, a continuación, trataremos de explicarte porqué somos propensos a caer en la estafa de los Live Action.
El origen de una larga maldición de los Live Action
Primero es necesario ilustrar un poco acerca de este fenómeno de los Live Action de Disney, para entender porque no podemos quitárnoslos de encima. Estas adaptaciones no son tan recientes como se piensa, ya que el primer clásico que fue estrenado en este formato fue el Libro de la Selva en 1994. Así es, antes de la versión más moderna que se estrenó en 2016, este clásico de Disney ya había sido interpretado por primera vez por Jason Scott Lee.
Teniendo en cuenta tal antecedente, esto quiere decir que Disney lleva realizando Live Action desde hace aproximadamente 30 años. Por lo que, no solo habría que celebrar el cumpleaños del monopolio de los sueños, sino también el historial de una de las estrategias más útiles de Disney para capturar al público.
Precisamente desde entonces Disney ha garantizado que sus clásicos no solo sean inmortales, sino también adictivos. Sin embargo, antes no era tan evidente la presencia de los Live Action, sino que hasta el 2010 que estos parecieron ser el único producto que se esperaba de esta empresa. Es decir, dado que antes tenían material para generar historias singulares, posteriormente cuando Disney pareció quedarse sin ideas únicas, entonces tuvieron que recurrir a sacudir el polvo de su contenido viejo y volverlo a cubrirlo de brillo hasta hacernos vomitar.
Siendo así que a partir de la primera década del siglo XXI, Disney no ha parado de anunciar una nueva adaptación de sus clásicos. Una apuesta que inicialmente les funcionó, pero que, tal como han demostrado sus últimas adaptaciones, ahora parecen ser un fraude. Pues aunque al principio este fenómeno fue algo innovador, terminó convirtiéndose en uno de esos comerciales molestos a los que la gente se acostumbra y que justo no puede dejar de ver por más que quiera.
El Guilty Pleasure de nuestra sociedad
Ahora bien, precisamente si los Live Action de Disney no son más que producciones nauseabundas, entonces ¿por qué seguimos consumiéndolas aunque ya sabemos el catastrófico resultado? Bueno, esto se debe a que la idea que fundamenta estas adaptaciones es hacer que la fantasía sea encarnada, es decir, hacer que esos personajes, historias e incluso canciones tengan un lugar en nuestro mundo real.
Es por ello que nadie que no tenga un corazón de niño y que sea inmune a la curiosidad, se puede resistir a esta posibilidad que nos vende Disney. Donde precisamente el precio es la inevitable desilusión al darnos cuenta que la realidad nunca es tan buena como la fantasía. Siendo así que incluso los Live Action no son solamente un guilty pleasure compartido, sino también una especie de masoquismo en donde nos entregamos a la decepción ante la esperanza de que nuestras fantasías se puedan volver realidad.
Especialmente, teniendo en cuenta que entre los mismos espectadores surge la polémica de si los clásicos se deben recrear o reescribir. Es decir, hacer una producción fiel a la versión original o, en cambio, dejar que surjan cambios que se adecuen a nuestra contemporaneidad. Pues, si bien los clásicos surgieron en una época determinada, el mundo va cambiando y, con ello, nuestra mirada. Por lo que tal debate sobre darle una oportunidad a Disney para reformular ideológicamente su contenido, es otro de los motores que alimenta las producciones de los Live Action y asimismo influyen en su éxito o no en las taquillas.

Live Action el curita a la nostalgia de las generaciones
De esta forma, es innegable que si algo está sumamente presente en nuestras generaciones, sin duda, es la nostalgia. ¿Cómo podemos saber esto? Sencillo, porque no dejamos de regresarnos a lo que alguna vez nos hizo feliz en nuestra infancia. Por eso mismo, no es de sorprenderse porqué a pesar de que los Live Action de Disney sean un asco, sigamos consumiéndolos, como si fuera una necesidad imperativa.
Después de todo, al ser Disney una entidad con la que crecimos, entonces esto quiere decir que al mismo tiempo que envejecen sus clásicos, lo hacemos nosotros. La diferencia es que Disney se vuelve inmortal y nosotros poco a poco nos marchitamos. Así que resulta más fácil recordar tiempos felices con las películas de las que presenciamos su magia y que están a nuestro alcance con un botón, a comparación de nuestras monótonas historias que cada vez son más difíciles de recordar.
Por tanto, podemos decir que los Live Action de Disney son algo así como si habláramos de un mal innecesario que aceptamos los espectadores porque es preferible quejarse del fracaso de Disney por hacer un simulador de realidad de sus historias, en vez de enfrentar nuestra propia realidad. En consecuencia, pagamos por autoengañarnos al conformarnos con un fantasma de la felicidad que esconde la nostalgia. Sin embargo, esto no resuelve la cuestión ¿será salvación suficiente maquillar nuestra realidad con cuentos?


