Hoy, 10 de diciembre, conmemoramos uno de los eventos más trascendentales de la humanidad, el acta de Derechos Humanos que consagra las libertades o derechos que toda persona posee como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de cualquier otra condición. Sin embargo, con los últimos eventos que acontecen en el mundo, como la amenaza de una tercera guerra mundial, un genocidio, el aprisionamiento de mujeres y otros más eventos atroces, cada vez es más difícil mantener la fe en un papel que se ha quedado en palabras, pero esporádicamente se ha mostrado en acciones. De modo que, hoy sí hay que conmemorar este hecho, pero también hay que reflexionar si acaso ¿Son realmente los derechos humanos universales o están moldeados por quienes tienen el poder de enunciarlos?
¿Vive l’Humanité?
En un día como hoy hace setenta y seis años, fue proclamada la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París. Espera ¿Cómo? ¿Antes no teníamos derechos? Digamos que sí, pero no de manera oficial. Es decir, tras los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó fragmentado debido a las violencias y barbaridades experimentadas en este conflicto mundo. Es por ello que para evitar que algo así volviera a suceder (JA, buena suerte con eso) se estableció un acto en la que se enumerarán los derechos fundamentales de la humanidad, como un escudo con el que se debe proteger al mundo entero.
Este proyecto humanitario global consta de treinta artículos en los que se engloba valores como libertad, justicia y paz con lo que se viste la humanidad para garantizar su dignidad e igualdad. Así los derechos humanos han servido para intervenir en situaciones apremiantes como el matrimonio igualitario, el din del Apartheid, acceso a la salud en la pandemia y mucho más.
Sin embargo, a pesar de que los derechos humanos suelen presentarse como un estándar global, las interpretaciones y aplicación de ellos pueden variar drásticamente dependiendo de la cultura. Es decir, el acta fue establecida desde un horizonte en particular y desde entonces no se ha actualizado. En consecuencia, se dejan escapar ciertas realidades y vivencias que impiden la aplicación e intervención de los derechos humanos de manera equitativa. Especialmente en temas de género, económico, mediático y tecnológico.
Igualdad para todos, todas y ¿todes?
El derecho a la igualdad de género, aunque se plantea como universal, a menudo se enfrenta a barreras en contextos culturales donde los sistemas patriarcales (sustentados en valores tradicionales) limitan los derechos de las mujeres en áreas como la educación, el empleo o la participación política. En este sentido, un ejemplo claro es el caso de las mujeres bajo el régimen talibán en Afganistán, donde se les niega el acceso a la educación, el empleo y la vida pública en nombre de una interpretación rígida de valores religiosos y culturales. Aunque organismos internacionales abogan por la igualdad como un derecho fundamental, estas intervenciones pueden percibirse como imposiciones externas que amenazan su identidad cultural.

Por otro lado, los derechos humanos, en su versión más tradicional, no siempre abarcan la diversidad y el espectro completo de las identidades de género y orientaciones sexuales dentro de la comunidad LGBTQ+. Identidades como las personas trans, no binarias o de género fluido suelen quedar fuera de las políticas que buscan proteger los derechos básicos, ya que estas estructuras a menudo se basan en concepciones binarias y heteronormativas. Tal como sucede en Rusia, cuyas recientes normas políticas impiden el reconocimiento de sus derechos legales, así como perpetúan desigualdades en áreas como la salud, la educación y el acceso a empleos dignos.
El que paga tiene derechos y ¿el que no…?
A ver… si tomamos en cuenta que el acta de derechos humanos fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, es decir, una organización que en su mayoría estuvo liderada por los países vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Entonces podemos decir que la balanza desde entonces estuvo inclinada hacia los intereses de un lado en particular. Esto les ha proporcionado cierta ventaja al ejercer dichos derechos humanos, ya que los países más ricos a menudo tienen la voz más fuerte en la definición y su promoción, mientras que las naciones en desarrollo enfrentan barreras para garantizar derechos básicos como la salud o la educación.
Esto quedó muy claro en la pandemia del COVID-19, pues mientras algunos países acumulaban vacunas, otros luchaban por acceder a las dosis mínimas. En 2021, la BBC dejo en evidencia que cerca del 90% de los habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrían pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19, mientras que otras naciones más ricas ya habían comprado la mayor cantidad de vacunas que se produciría ese año.

Protagonistas y papeles secundarios de la historia humana
No todos los derechos humanos reciben la misma atención. La cobertura mediática de ciertas crisis humanitarias depende de intereses políticos o económicos, priorizando conflictos que afectan a países estratégicos o con relaciones comerciales importantes. Esto deja en la sombra situaciones igualmente urgentes, en regiones como África subsahariana, cuyas crisis son desatendida y limitadas en el apoyo humanitario, en gran parte debido a la falta de visibilidad del conflicto o de estas realidades.
Un caso aun doliente y que no se olvida es el genocidio en Ruanda. Después de todo, la resistencia a denominar el conflicto como genocidio, impidió en gran parte la intervención de las Naciones Unidas. No solo eso, sino que incluso, de acuerdo con Amanda Grzyb (2019) en un artículo en donde analiza la intervención de los medios, se revela que cierta censura que perpetuó la ausencia de una herramienta de comunicación efectiva, encubriendo así la gravedad del conflicto y, por tanto, privando una respuesta humanitaria externa.

Derechos Humanos VS Nuevas Realidades
En efecto, todas estas situaciones no solo develan que los Derechos Humanos no solo deben ser evaluados, sino que además necesitan una actualización urgente con la realidad en la que estamos inmersos. Tan solo consideremos a la tecnología, un aspecto fundamental en la actual vida humana, que está presentando múltiples desafíos. Después de todo, ¿qué pasa con el derecho a la desconexión digital o la regulación de la inteligencia artificial? Es decir, es pertinente tomar en cuenta no solo con la falta de acceso a la tecnología (como sucede en países como Turkmenistán, Corea de Norte, Etiopía, etc.), sino que además, en tiempos donde la Inteligencia Artificial esta tomando ventaja, es pertinente considerar cómo estás se podrían o no integrar a estos derechos humanos.
Para conmemorar hay que reconstruir
Lo sé, no te imaginabas esto para conmemorar el Día de los Derechos Humanos, pero antes de considerar celebrarlo, es aún más relevante no perder de vista todo el camino que aun tenemos que recorrer para garantizar la dignidad humana. Sí, esto plantea un dilema incómodo, pero necesario de dialogar. Después de todo, no solo se trata de considerar ¿hasta qué punto es justo imponer un modelo “universal” de derechos humanos sin considerar las particularidades culturales? Pues esto tiene que dar paso a aceptar que los derechos humanos tradicionales no siempre están en vigor o se actualizan para enfrentar los nuevos desafíos.
Es por ello que la búsqueda de igualdad, paz y justicia no puede ser un traje de talla única; debe ser inclusiva y, sobre todo, respetuosa con los distintos horizontes. Algo que en los marcos actuales de derechos humanos aún no logran del todo. Es decir, la universalidad de los derechos humanos necesita expandirse para reflejar mejor las realidades y experiencias de todas las personas.
Si te estás preguntando ¿entonces qué prosigue? No hay una respuesta definitiva, por la simple razón de que estos derechos no deberían ser tampoco definitivos y únicos. Para combatir estos sesgos humanos, es fundamental dialogar, empoderar la diversidad de voces y ampliar las herramientas de participación. No podemos hablar de derechos universales sin escuchar a todos.
De igual manera, es crucial educar a las nuevas generaciones para identificar y cuestionar los sesgos existentes. Y así prepararse a enfrentar estos desafíos, a impulsar a que más personas conecten con su propio universo humano, que lo expandan, lo desafíen y lo habiten desde el respeto, el amor y la esperanza. Solo entonces podremos garantizar que los derechos humanos sigan siendo relevantes y efectivos en un mundo donde cada vez la humanidad se pone en duda.


