Lenguaje-inclusivo

El lenguaje ha estado condicionado por muchos factores, tal como puede ser aspectos geográficos, socioculturales, contextuales o históricos, e inclusive el género. Después de todo, existen algunos conceptos que están arraigados a un género en particular y que, por defecto, generan ciertos estereotipos o, en todo caso, las identidades sexuales o de género que escapan de la norma se ven marginadas por el uso de lenguaje. 

Es por ello que en la actualidad uno de los rasgos que más está exigiendo adoptar el lenguaje es la inclusividad. Es decir, un lenguaje no excluyente que tome en cuenta otro tipos de identidades sexuales y de género, con el fin de fomentar un trato equitativo y no estereotipado de las personas, especialmente, hacia mujeres cis y el colectivo LGBTQ+. 

Esto representaría que más allá de crear un nuevo lenguaje, en realidad se incluyera una especie de categoría adicional en el que se contemplen las distintas disidencias sexuales y de género. Así no solo se rompe con el esquema binario, sino que se tiene una apertura a visibilizar otras identidades anormativas.

La polémica entorno al lenguaje inclusivo

Sin embargo, por muy utópico que suene el lenguaje inclusivo, ciertamente ha surgido cierta polémica para su implementación. Esto se debe a que, como hemos mencionado, al estar el lenguaje condicionado a otro tipo de factores, entonces los cambios gramaticales y léxicos que implicaría el lenguaje inclusivo, tendrían repercusiones en un sentido social y político que podrían generar un choque ideológico. 

Esto quiere decir que más allá de una resistencia lingüística para implementar el lenguaje inclusivo, la verdadera barrera es la ideología. Generando así todo un debate de posicionamiento político sobre si el lenguaje inclusivo realmente es una alternativa o una amenaza contra la estructura normativa del sistema. Razón por la cual, el uso del lenguaje inclusivo no ha sido formalizado o respaldado por una academia que lo imponga obligatoriamente. Haciéndolo más de uso casual que propiamente discursivo.

Comunicación inclusiva

Otro de los argumentos que comúnmente surge en este debate sobre el lenguaje inclusivo es por qué solo este hace referencia a la identidad sexual o de género, sin tomar en cuenta otros tipo de comunidades marginadas o que por distintas razones (como una discapacidad física con los sordos o ciegos) son excluidos lingüísticamente. Sin embargo, es sumamente importante tener en cuenta que se trata de dos cosas diferentes. 

De acuerdo con Raúl Cruz, el lenguaje de señas no se considera como lenguaje inclusivo, debido a que uno es lenguaje y el otro más bien es una política lingüística. Es decir, este tipo de lenguajes como el de señas, braille u otros, son en sí mismos un sistema de comunicación particular que se ajusta a las necesidades de personas con alguna discapacidad. Mientras que el lenguaje inclusivo sí está inmerso en el lenguaje ordinario, por lo que no es un lenguaje aparte, sino más bien exige cambios para su empleo o uso de expresión. 

Por lo mismo, para incluir ambos tipos de lenguajes que tomen en cuenta rasgos como la identidad sexual y de género, así como ciertas discapacidades físicas, en realidad no estaríamos hablando propiamente de un lenguaje sino de una comunicación inclusiva. Esta comunicación, en esencia, sería no excluyente, tomando en cuenta la diversidad humana en todo los sentidos para adaptar las formas de comunicación, tal como podría ser un lenguaje. 

Lenguaje con apertura, lenguaje humano 

A todo esto, el lenguaje es un rasgo sumamente esencial para el ser humano, ya que es nuestra forma de representar y entender la realidad. Siendo así que podría decirse que el lenguaje no es estático, sino incluso vivo; por lo que, está sujeto a una diversidad de formas. De modo que el lenguaje no puede limitarse a una identidad sexual, de género, política o normativa, sino adaptarse a las necesidades de las personas. 

Este cambio en el lenguaje tiene grandes implicaciones sociales y políticas, pero sobre todo humanas. Pues mediante el lenguaje se podría salvaguardar la dignidad humana de las personas, al reconocerlas como son, visibilizar su realidad e incentivar a un trato mucho más equitativo. Siendo así que, tener una apertura en el lenguaje necesariamente significa una apertura humana. 

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