¿Qué onda con Ximena Figueroa y su obsesión por las roscas de Reyes del Costco?

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Cuando pensabas que ya habías visto todo, llega Ximena Figueroa y se lleva 800 roscas de reyes de Costco. Sí, lo leíste bien. Esta noticia ha desatado un debate intenso en redes sociales, entre quienes aplauden su «visión emprendedora» y quienes la tachan de «acaparadora». Pero, ¿quién es Ximena Figueroa y por qué se volvió tendencia? Aquí te lo contamos todo.

¿Quién es Ximena Figueroa?

Ximena Figueroa es una empresaria que se dedica a la reventa de productos en temporadas clave. Este año, apostó por las populares roscas de reyes de Costco, famosas por su calidad y precio competitivo. En una maniobra que dejó vacíos los estantes del almacén, compró 800 piezas con la intención de revenderlas en plataformas como Facebook Marketplace y WhatsApp.

Recuperada de Debate

Claro, la estrategia de Ximena no es nueva, pero su escala llamó la atención. En lugar de quedarse con unas cuantas roscas, optó por ir a lo grande, apostando por una demanda que claramente supera la oferta. Este movimiento empresarial ha generado opiniones encontradas que exploran los límites entre la visión de negocios y la ética.

La fiebre por las roscas de Costco

La Rosca de Reyes de Costco es más que un producto; es una tradición moderna para miles de familias mexicanas. Su tamaño generoso, su sabor inconfundible y su precio accesible la han convertido en un éxito cada temporada de Reyes. Sin embargo, esta popularidad también la hace vulnerable al acaparamiento. Cada año, las redes sociales se llenan de historias de clientes que buscan con desesperación conseguir su rosca en Costco. Pero este 2025, la maniobra de Ximena intensificó el problema. Muchas familias se encontraron con estantes vacíos y con la necesidad de buscar otras opciones. Aunque la estrategia de reventa es común, su impacto en un producto tan simbólico como la rosca ha generado una discusión mucho más profunda.

¿Emprendimiento o abuso?

Como era de esperar el tema explotó en redes sociales, donde las opiniones están divididas tanto entre una severa crítica y ¿un atisbo de admiración? Después de todo, sí puede ser excesivo comprar 800 roscas para llenar no tu estomago, sino tu bolsillo, pero… ¿acaso este tipo de estrategias no son las que llevan a cabo los grandes empresarios? Claro, en este caso nos pegó más porque atenta contra una tradición que debería ser accesible para todos pero que, cosas como esta, corrompen.

En efecto, todo esto nos hace preguntarnos: ¿hasta dónde está el límite entre el emprendimiento y el abuso? Por un lado, podría argumentarse que Ximena actuó dentro de las reglas del mercado y que la responsabilidad recae en las empresas para regular estas prácticas. Por otro lado, quienes se sintieron afectados por su acción cuestionan si aprovecharse de la alta demanda en fechas clave es ético, especialmente cuando impacta en una tradición tan significativa. ¿Es justo permitir este tipo de estrategias comerciales, o deberían existir normas más estrictas para proteger a los consumidores?

No solo eso, sino que este debate también nos lleva a reflexionar sobre nuestro propio papel como consumidores, pues ante estos casos entonces qué procede ¿boicotear a los revendedores como una solución, o seguir señalando a una persona que opera en un sistema ya imperfecto sin hacer nada por cambiarlo? En este caso, no hay respuestas sencillas, pero sí muchas aristas para discutir.

Imagen de sdpnoticias

¿La tradición tiene precio?

El caso de Ximena Figueroa nos recuerda cómo el consumismo y las tradiciones chocan en la era digital. Por un lado, tenemos a una empresaria que supo ver una oportunidad de negocio. Por el otro, a consumidores que se sienten desplazados en una tradición tan especial como el Día de Reyes. Un difícil equilibrio entre las tradiciones comunitarias y el sistema económico que privilegia el beneficio individual.

Por un lado, el mercado premia a quienes tienen la capacidad de identificar y explotar oportunidades, como lo hizo Ximena con su estrategia de reventa. Sin embargo, esta lógica económica puede entrar en conflicto con valores culturales y emocionales asociados a tradiciones como el Día de Reyes. Así que ¿hasta qué punto es aceptable anteponer el beneficio individual a la experiencia colectiva? Y más importante aún, ¿deberíamos cuestionar las estructuras del sistema que permiten y, en cierta medida, fomentan este tipo de comportamientos? Este caso invita a un debate necesario sobre la responsabilidad de las empresas, el rol de los consumidores y el impacto de nuestras acciones en el tejido social.

Quizás este episodio sea una invitación a reflexionar sobre nuestras prácticas de consumo, sobre cómo las decisiones individuales pueden afectar a la colectividad y sobre cómo mantener vivas nuestras tradiciones en un mundo cada vez más comercializado. Pero dime: tú, ¿qué opinas? ¿Es Ximena una visionaria del negocio o simplemente alguien que llevó su ambición demasiado lejos?

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